La abismal crisis del Real Madrid lo eclipsa todo.

La abismal crisis del Real Madrid lo eclipsa todo.

En el fútbol español, como saben, estamos divididos entre dos equipos: el Madrid y el Club de Fútbol Antimadridista. Tanto es así que la pésima crisis del conjunto blanco, que culminó con la aplastante goleada contra el Getafe el lunes pasado y la gravísima lesión de Rodrygo Goesha, hizo que toda una semifinal de Copa del Rey, un Barcelona-Atlético de Madrid para colmo, pasara desapercibida.

La afición madridista, que apenas se ríe de vez en cuando de lo que ocurre en la oficina, observa con horror cómo se desmorona día a día el lento desmoronamiento de sus héroes elegidos para alzarse bajo el ánfora de Zinedine Zidane. Cada día, un último paso hacia el precipicio. Cada día es un poco peor. Cada día no hay ni una gota menos de orgullo en esos chicos de blanco que salen a luchar en el campo.

Sin plan de juego, sin estrategia, sin ideas y, lo que es peor, sin futbolistas. La afición del Real Madrid empieza a comprender, a medida que avanza la temporada, que la plantilla que les vendieron como potencia mundial no es más que un campesino con una honda intentando derribar un portaaviones. El colapso es total, para colmo: en el vestuario, a nivel institucional, social, en la sala de juntas, en el ámbito médico… incluso el equipo de baloncesto, que siempre se supone debería estar de guardia, les está fallando.

Mientras tanto, los antimadridistas contemplan con alegría esos raros momentos de sus vidas en los que ven a un Real Madrid extraordinariamente débil. Es duro ser miembro del Club de Fútbol Antimadridista, así que cuando llega una buena racha, hay que disfrutarla.

Y ahora, dentro de poco, la vuelta de aquel Barcelona-Atlético. Dos representantes de la élite española, de esa mitad de la sociedad que no viste de blanco, juegan una final de copa, invocando los 90 largos minutos, el espíritu de la remontada, luchando hasta el final, clichés que, por haberse usado más que los gramos de La Castellana, huelen a naftalina. Si al final papá sigue siendo papá, aunque esté en la cama con paracetamol…